Mirando a los jóvenes

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El Pe. Nuno Amador nació en Azambuja, en 1979. Entró en el seminario menor de la diócesis de Lisboa a los 15 años y se ordenó en 2004. Hizo estudios de máster y doctorado en Teología Moral en Roma. Ha trabajado en la formación de los seminarios y en la pastoral juvenil y universitaria de la diócesis. És canónigo del Patriarcado de Lisboa. 

En su reflexión compartida con la Asamblea, el Pe. Nuno Amador empezó compartiendo la dificultad de mirar a los jóvenes. En primer lugar, por la diversidad entre las realidades y dentro de una misma realidad. En segundo lugar, porque ya tenemos una forma de mirar distinta. Como sugiere el Documento de trabajo para el sínodo sobre los jóvenes, más que un conflicto de generaciones lo que existe hoy es un extrañeza entre generaciones. Antes de entrar en análisis psicológicos o sociológicos sobre la juventud, es necesario pedir y practicar la mirada de Jesús.

El texto de Mc 10, 17-22 ofrece muchas pistas para nuestras reflexiones. En primer lugar, nuestro conocimiento de los jóvenes no puede ser un conocimiento de un despacho, sino un conocimiento de contacto y encuentro con ellos. Además, hace falta una mirada de amor: solo el amor conoce bien y en profundidad. Es necesario estar disponibles para escuchar, acompañar, animar, orientar… ¿Tenemos tiempo para los jóvenes?

Haciendo referencia al texto del evangelio de Marcos, el sacerdote que se dedica a la pastoral juvenil y unversitaria insistió que la juventud es una riqueza única y tiene que ser vivida como tal. Es el momento de descubrir, programar, elegir, prever y asumir las primeras decisiones de forma personal. Es el lugar para hacer el paso del recibir al dar, para hacer la experiencia de darse. Una riqueza que se manifiesta también en las grandes preguntas: ¿Qué debo hacer para experimentar una vida plena? ¿Qué puedo hacer para ser feliz? Como dice el ahora obispo José Tolentino Mendonça, “lo que nos salva son las preguntas”. Hay que ayudar los jóvenes a hacerse preguntas, a tomárselas enserio y a responderles en profundidad.

Los avances cada vez más rápidos en la ciencia y la tecnología no parecen responder a las cuestiones de sentido. Sabemos cada vez mejor cómo funcionan las cosas pero cada vez menos para qué sirven. Así, hay que recuperar con los jóvenes un sentido teleológico de la realidad: ¿para qué? ¿para quién? ¿por quién? ¿con quién? “Los jóvenes son grandes buscadores de sentido y todo aquello que se pone en sintonía con su búsqueda para dar valor a sus vidas, llama su atención y motiva su compromiso” (IL, 7).

“Los jóvenes son grandes buscadores de sentido y todo aquello que se pone en sintonía con su búsqueda para dar valor a sus vidas, llama su atención y motiva su compromiso”

Jesús contesta a la pregunta del joven del evangelio con una mirada de amor. No hay nadie que no desee ser amado. También los jóvenes necesitan pertenecer y ser acogidos. Como hizo Jesús, estamos llamados no solo a acoger las preguntas de los jóvenes sino también a acogerlos con amor. Los grandes desafíos educativos y eclesiales pasan precisamente por la cercanía y disponibilidad de cara a los jóvenes y por la necesidad de hacer de nuestros ámbitos redes de relaciones fraternas. También nos tenemos que preguntar cómo aprovechar su energía creativa para hacerlos partícipes, no solo consumidores. Finalmente, es urgente favorecer una cultura de encuentro, ya que es en el encuentro verdadero – con Dios y con los demás – que la vida ocurre (Martin Buber).

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